En primer lugar, gracias por vuestros comentarios. Sin vosotras esto no sería posible. Porque esa chispa que necesitamos cuando nos apagamos, esta aquí.
FIN DE SEMANA:
El viernes estuvo bien. Cumplía una semana de ayuno y por la mañana fui a la peluquería a hacerme el tratamiento de queratina con el que me ha quedado el pelo divino. Estrené alguna prenda. Me veía guapa y delgada. Y no se por qué me empezaba a encontrar un poco desvalida y tenía que seguir estudiando, así que CORROMPÍ el ayuno con un poco de lechuga y medio tomate. Y no se rían, pero a la hora me dio cólico :S Vamos, que al final estuve peor. Así que dejé los estudios y fui al cumpleaños de mi primo. No cene nada (tenía excusa). Y mi abuela estuvo pesadita con que estaba muy flaca. Pero la verdad es que se me empiezan a notar bastante las caderas y las costillas como en verano. Echaba tanto de menos esta delgadez.
El sábado fue mi perdición. A pesar de que ya se me había ido la menstruación, seguí sin pesarme. Porque temo la báscula más que a nada en este mundo. Este día tampoco me encontraba muy bien, así que comí lo mismo que el anterior y me fui a dormir. Después estuve haciendo deberes y…algo en mí me pedía desesperadamente algo de azúcar para mi cuerpo, y junto a ese pensamiento se me fue incrementando una ansiedad mortificadora. No quería, no debía. Si lo hacía engordaría aunque destellara lo ingerido. Iba a ser una obesa. Así me sentí. Comí galletas con chocolate. Me sentí fatal y mi mundo dio un giró de ciento ochenta grados. Al vomitar sentí el alivio de algo que había estado reteniendo toda la semana, algo diferente al tema de la comida. Pero quise morirme, tengo tendencia a deprimirme enseguida, y di por sentado que todo mi esfuerzo (estudiar, adelgazar, intentar cambiar por dentro y fuera) no había servido para nada. Así que me fui a dormir y no me he despertado hasta el lunes a las 4:00 de la madrugada. Bueno, ahora que recuerdo me llamó mi mejor amiga que está en la universidad de la capital y todo le va genial, me alegro mucho por ella. Y ojala yo tuviese su fuerza.
Ahora sólo sé que de algún modo este ayuno debe seguir. O comenzar de nuevo. Me gustan los comienzos. Y hoy comienza la semana. Lo que no tengo tan claro es si podré enfrentarme al curso. Porque me gusta estudiar y lo estoy llevando todo al día con los apuntes que mi madre me ha traído. Pero no me atrevo a dar el paso de asistir a clase, cuando sé, que asistir me reconforta, porque me disipa de mis pensamientos. De todas formas cuanto antes vaya mejor, porque en marzo empiezan todos los exámenes.
A veces, tener que decidir y enfrentarte a la vida, resulta lo más complicado del mundo.
Os quiero nenas, de verdad